Esta fue la situación en la que me encontré en junio de 2025: acababa de comprar una moto de aventura con la ambición de recorrer el continente en ella… y tenía que preparar mi equipaje para eso, sin tener ni la más remota idea de lo que hacía falta para semejante aventura.
Y qué se lleva uno en un viaje totalmente improvisado dentro de otro viaje? Cuando la misión secundaria se convierte en la principal, y no estás para nada preparado? Si alguien me hubiera dicho que iba a acabar viajando en moto por Sudamérica, me hubiera reído en su cara. Obvio. Ni siquiera sabía conducir motos.
En una situación así, hay básicamente dos maneras de encararlo.
Una es no preocuparse demasiado y aprender sobre la marcha.
La otra es entrar en pánico durante semanas, gastar más de la cuenta e intentar estar preparada para cualquier escenario posible. Esto… es exactamente como me preparé para el viaje que SÍ había planificado, y que abandoné al terminar mi relación.
Habíamos construido una casa rodante totalmente equipada, con muchísimo espacio de almacenamiento, dejándolo todo atrás para empezar una nueva vida, y los dos nos pasamos tres pueblos. Hice las maletas como control-freak en pleno ataque de pánico y acabé con demasiadas cosas. Y CÓMO, diganme, CÓMO meto todo esto en una moto que ni siquiera tengo delante?
Estresarme no era una opción (jaja). Había comprado la moto. Así que ahora:
Tenía que aprender a conducirla, y prepararme para emprender un viaje que me llevaría por todos los climas y altitudes posibles, durante un tiempo que podía ser de meses o de años.
Tenía que estar lista para acampar, hacer senderismo, quedarme un tiempo en algún sitio.
Tenía que poder aparentar ser una adulta funcional que no acaba de bajarse de una enorme moto polvorienta.
Tenía que tener las herramientas para salir del apuro, los recambios para escapar del medio de la nada si me quedaba tirada, y los productos para hacerle el mantenimiento básico a la moto - sobre el cual no sabía absolutamente nada.
Ah, y encima, tenía que estar todo organizado de forma que no me entraran ganas de llorar cada vez que necesitara sacar algo de las maletas.
Lo admito. Fue bastante estresante. Y durante un tiempo dormí bastante mal y comí mucho la cabeza a mis amigos del Youki Haus. Y sin embargo, a pesar de pasar la mayor parte del tiempo preguntándome cómo diablos iba a salir de esta, lo estaba pasando increíble.
Ayudó mucho poder compartirlo todo con Felix, cuya moto había decidido comprar, y que me ayudaba en cada paso mientras me recordaba con regularidad que estaba "loca" y que era "genial".
De alguna manera, un par de días antes de dejar el hostel para reunirme con Felix, fui reuniendo un montón de cosas que pensé que podría necesitar para este viaje. Lo metí todo en bolsas de la compra enormes, esperando que de algún modo encajaria todo a la perfección, y me lo llevé a la motoposada que sería nuestra base de operaciones para preparar mi partida. Lo mejor de todo era que, en los días siguientes, también tenía que aprender a conducir esta moto enorme e intimidante que ahora… era mía.
Ya os lo imagináis: tuve que deshacerme de la mitad de todo lo que había traído.
Me lo dijo Felix. Me lo dijeron los motoviajeros que vieron mis stories mientras documentaba el lío. Pero hay que reconocerlo, no lo hice tan mal. Había seleccionado bien lo esencial, solo tenía que eliminar la "variedad". Porque eso es lo primero con lo que te enfrentas cuando preparas las maletas para viajar en moto. No puedes llevar mucho, así que hay que elegir muy bien qué te llevas y qué dejas.
Por suerte, en medio de un momento particularmente bajo que me golpeó después del COVID, había descubierto a Marie Kondo, lo cual me había preparado para este reto. Sí, acabo de mencionar a Marie Kondo en un artículo sobre preparar un viaje en moto.
Sabía muy poco sobre lo que me esperaba, pero esto lo tenía claro: calidad y versatilidad era lo único que importaba. Necesitaba pocas cosas, pero tenían que ser buenas cosas que me encantaria llevar. "¿Te da alegría, Emilie?" Porque iba a ponérmelas mucho. Las lavaría a menudo, importante si quieres tener amigos o, en general, tienes intención de estar en compañía de otras personas. Y como iba a ponérmelo todo en rotación durante mucho tiempo, tenía que combinar bien y adaptarse a la mayoría de situaciones y climas. Idealmente, tampoco debería arrugarse con solo mirarlo mal, para no parecer que acabo de salir de una lavadora.
Por suerte, ya tenía material de acampada. Bueno, parte de él. Tenía una buena tienda de campaña, un saco de dormir, un colchón inflable y una linterna. No tenia lona. No tenia piquetas. No tenia kit de cocina al principio, hasta que encontrara una tienda china, compré una tabla de cortar que hacía las veces de mesa y una olla que hacía las veces de bol. Después me llevé una cuchara, un tenedor, un cuchillo y un abridor en un alquiler de Booking. El dueño me había sacado de quicio: se olvidó de dejar el mando del parking en la habitación y me hizo esperar al sol más de una hora. Demandenme. Por último, compré una pequeña botella de butano en la que se enroscaba un hornillo minúsculo, y listo. Perfecto. Ridículamente rudimentario, pero funcionaba.
En cuanto a la parte más delicada, los recambios y las herramientas: me llevé todo lo que pude, aunque no supiera nada de motos ni supiera para qué servía la mayoría de las cosas.
Felix, al contrario que yo, se había preparado de maravilla para este viaje. Había perfeccionado su equipaje en dos años, así que hice todo lo posible por imitarle. Aunque nunca logré que mis cosas olieran a gasolina y aventura como las suyas, para eso no tengo explicación, la moto olía como si se duchara en ella. Además me dejó la moto con recambios, herramientas, una lista de la compra y la promesa de que estaba a un Whatsapp de distancia si alguna vez tenía un problema o una pregunta.
Felix hizo todo lo posible por enseñarme lo mínimo en cuanto a mantenimiento, y yo hice todo lo posible por aprender… pero como también tenía que aprender a conducir la moto al mismo tiempo, reconozco que estaba totalmente desbordada y no retuve prácticamente nada. Pero confiaba en él ciegamente. Se había convertido en un buen amigo durante las semanas anteriores, y ha estado ahí desde entonces, incluso salvándome el pellejo por teléfono un par de veces. Como aquella vez que la cadena se abrió y me dejó tirada en Paraguay. Así que cuando Felix me dijo que necesitaba llevarme esas piezas y que era capaz de aprender a usarlas, le hice caso.
Hay dos mentalidades entre los motoviajeros cuando se trata de herramientas, recambios y mantenimiento. Una es llevarlos y apañarte como puedas. La otra es no complicarse y ir al mecánico. Escuché las dos. También podría haber hecho caso a una voz menos constructiva de mi entorno que me recordó varias veces que de todas formas no iba a saber qué hacer con las herramientas, así que para qué molestarme (si, muy simpático era este pibe). Era un argumento válido que ignoré por completo y que me motivó a aprender para llevarle la contraria.
En aquel momento simplemente confié en mí misma, y desde entonces me he reafirmado en la idea de que la actitud importa más que el conocimiento. Puede que haya futuros motoviajeros leyendo esto que no saben absolutamente nada de mecánica. Lo que descubrí es que, por muy seguros y aventureros que parezcamos - hay que decirlo, estas motos de viaje tienen facha - la mayoría lo vamos aprendiendo sobre la marcha. Así que en mi opinión, vale la pena llevar las herramientas y los recambios si vas a estar lejos de donde puedes conseguirlos.
La moto te va a enseñar de todas formas, quieras o no. Y quien se pare a ayudarte puede que sí sepa qué hacer con ellos, y estar bien equipada marca la diferencia.
Y volviendo a lo que me llevé para el viaje… Obvio que me olvidé de algunas cosas. En algún punto de los Andes, en un día de viento infernal, me di cuenta de que no tenía piquetas, y cuando bajó la temperatura, descubrí que tampoco tenía aislante térmico para poner bajo el colchón inflable. No tenía taza, problema que se resolvió felizmente el día que me di cuenta de que un mate de metal me servía de taza y que sumándole una bombilla podía seguir alimentando mi adicción a la yerba. No traje termo, así que usé los hervidores que encontraba. Cuando vives con poco, enseguida te das cuenta de que no necesitas tanto, y aprendes a ser creativa. Y a disfrutarlo.
Un sentido del humor a prueba de balas y creatividad a la hora de resolver problemas sobre la marcha son probablemente lo mejor que puedes llevarte (#aquiseresuelve). Son mis herramientas favoritas.
Viajar en moto no es lo mismo que usarla como medio de transporte. No se trata solo de ir del punto A al punto B. El camino se vuelve tan importante como el destino. Creo que verlo así es una de las razones por las que viajar en moto me cambió tan profundamente.
Me reconectó con algo fundamental: la vida es el camino, no el destino. Es lo que pasa en cada segundo entre los momentos que recuerdas. Y ESO es lo que hace que me encantan las motos.
Cuando estoy en la ruta, estoy presente de una manera que no había experimentado con ninguna otra cosa. Y por alguna razón, este nuevo superpoder de vivir el momento se ha filtrado en todo los aspectos de mi vida.
En algún momento, algo saldrá mal y tendrás que rendirte a ello y resolverlo. El clima será una porquería. Un airbnb te cancelará. La cadena de la moto se abrirá en medio de la nada (como esta vez en paraguay). Intento recordar siempre de divertirme con ello. Al fin y al cabo, es una aventura. Y cuando lo abrazas, todo se vuelve divertido.
Más sobre el equipaje
Entre los motoviajeros, soy de las que van muy cargadas. Creo que llevo más de 80 kilos de cosas. Estoy siendo optimista.
Hay quien lleva más porque tiene una moto más grande y pasa del offroad, hay quien está como una cabra (ver foto más abajo), hay los que viajan a dos en la misma moto - un minuto de silencio por la suspensión.
También existen especímenes que llevan un par de calcetines, nueces y una botella de agua y viajan en una moto ligera tipo motocross. Me crucé con uno de ellos. De alguna manera, le funcionaba durante semanas, porque tenía un presupuesto bastante alto.
En fin, me alegra mucho poder decir que, salvo la hamaca, un par de monos y otro par de camisetas, usé todo lo que llevaba.
Obviamente, me sobró ropa. Quizás es porque no puedo tener barba. No puedo evitarlo. Probablemente cometa el mismo error la próxima vez.
Pero siendo honestos, el equipo más importante no es algo que vaya en las maletas: es la ropa de moto. En el día a día como motoviajero, estarás en la moto la mayor parte del tiempo, con tu chaqueta, pantalón, botas, casco y guantes puestos. ESO es lo que saldrá en cada foto. Y si, como yo, tienes la mala suerte de caerte, también es lo que puede salvarte de un resultado muy feo. Así que es ahí donde realmente merece la pena invertir todo lo que puedas.
Lo que haré diferente la próxima vez
He elegido una chaqueta de moto mejor esta vez, con mejor protección y ventilación superior.
Voy a llevar una silla plegable. Tengo intención de acampar mucho para poder viajar con poco presupuesto, y porque me encanta. Al final de un día largo de ruta, poder sentarte cómodamente marca la diferencia. Si no, básicamente tienes que sentarte en el suelo, que puede estar mojado y/o frío, o tumbarte en la tienda sobre tu pequeña almohada. Una silla cambia la experiencia por completo.
Voy a cambiar mis 2 jerseys gruesos por otros finos técnicos que ocupen menos espacio. Cuando salí, tenía poco presupuesto. Sigue siendo el caso. Pero aproveche estar en Francia para usar Vinted (plataforma de segunda mano) y encontré 2 polares técnicos baratos que abriguen de verdad. Me ahorra espacio, me permite hacer capas de forma más eficiente y también no morirme de frío cuando acampe.
No voy a llevar la hamaca esta vez. Me sabe mal pero no tiene ningún sentido, nunca la uso porque nunca acampo varios días en el mismo sitio, y aunque lo hiciera, usaría la silla. La hamaca solo tiene sentido para el viaje en barco por el Amazonas, y no vale la pena cargar con ella por si acaso acabo allí. Lo cual ES una posibilidad porque mi vida es ASÍ de caótica, pero como ahora mismo no estoy en ruta, el riesgo es bajo.
Esta vez sí me llevo el mate y el termo sí o sí. No me importa lo que ocupe.
Me llevo una buena botella con filtro de agua, porque perdí la mía en algún camino de tierra en Uruguay, y porque me la regaló mi madre. Vendrá bien para conseguir agua potable extra.
Si tienes dudas, no dudes en contactarme, y si tienes consejos, escucho también. 🥰

