Viajar me volvió supersticiosa. Creo que es porque cuando viajas, estás mucho más expuesto a que te pasen cosas que cuando estás en casa, protegido por la rutina. Siempre he sido un poco soñadora, pero también tengo los pies en la tierra. Sin embargo, si viajamos juntos, ten claro que te haré callar si se te ocurre mencionar lo buena que está la carretera. ¿Por qué? Porque he observado de forma consistente que si lo dices, a los 5 minutos, la carretera puede estar hecha una mierda.
Reíros lo que queráis, pero viajar más de 600km de tierra en la Carretera Austral, y una buena parte de la ruta 40 en Argentina, me enseñó que cada vez que alguien decía que la carretera "no estaba tan mal", la ley de Murphy se aplicaba al instante, con entusiasmo.
Se convirtió en algo prohibido mencionarlo. Y aunque me parece muy gracioso, no estoy de broma.
Cuando ves que algo pasa repetidamente, es inevitable que empieces a ver patrones y q actuar en consecuencia. Llámalo intuición. Llámalo instinto. Tener que pagar cada vez que ignoré estas cosas me enseñó que en caso de duda, siempre es mejor hacerles caso. Por si las moscas.
Lo cual me lleva al día en el que la cadena de mi moto se abrió en medio de la nada.


Me encontraba en Paraguay, con rumbo a Villarica, una ciudad de la que había escuchado cosas muy interesantes, y era un trayecto muy caluroso y aburrido. Tan caluroso y tan aburrido que llevaba un buen rato quejándome bajo el casco, de lo acalorada y aburrida que estaba. Creo que había más de 35 grados y se sentía como manejar dentro de un horno. Estaba de mal humor. Por lo visto, Murphy, o quien sea que tenía que aguantar mis quejas, también estaba aburrido y decidió darle un poco de vidilla al asunto.
Estaba justo a la mitad de una recta interminable, en una carretera estrecha bordeada a ambos lados por un lago, cuando de repente sentí que pasaba algo malo con la moto. Más exactamente, en vez de la máquina potente que es, empezó a sentirse como una bicicleta.
Ay no.
El acelerador no hacía nada. Iba a más de 100kmh. Todavía estaba medio traumada del accidente, así que dejé la moto perder velocidad sola hasta casi parar antes de atreverme a tocar los frenos. Me paré en el arcén.
Por favor, que no sea la cadena, recé.
Al bajarme para mirar el lado izquierdo de la moto, tenía miedo de encontrar la cadena rota. Lo que vi fue que no había cadena en absoluto. Fantástico.
Eso es lo que me pasa por andar quejándome todo el día, fue mi primer pensamiento.
El segundo fue que no tenía la menor idea de cómo salir de esta situación. Me quedé mirando mi moto cargada, ahora completamente inútil.
No tiene sentido ponerse nerviosa, decidí. El calor era agobiante, así que me quité la chaqueta y el casco, me senté en la baranda de seguridad, y evalué la situación… Tenía poca cobertura, pero eran las 4 de la tarde, todavía a tiempo de escribir a Europa.
Así que le escribí a Felix. Y por suerte, respondió enseguida.
Hay algo que pueda hacer que no sea llamar a una grúa si la cadena se rompió? - Se te rompió? - Sí. Por qué crees que te pregunto? - Ostia. Pero esta cadena era casi nueva, cómo es posible? - No sé - No debería, ha hecho poquísima distancia. Bueno… mándame una foto. - No puedo, no sé dónde está… debe estar en algún sitio de la carretera. Joder! Estoy en medio de la nada - Ve a buscarla, no puede estar lejos. En los recambios que te dejé hay un eslabón maestro. Si tienes suerte, el pasador se abrió, la cadena no está rota y puedes volver a ponerla. El problema es si sigue enganchada, porque entonces necesitarías un rompecadena, y ese no tienes.
El teléfono seguía vibrando con mensajes mientras empecé a caminar hacia donde había venido. Al poco tiempo, vi algo en mitad de la carretera. Vi un coche que lo esquivaba. ¿Podría ser? Sí, esa era mi cadena en el suelo. La alcancé y la recogí.
Intacta. El mejor escenario posible. Mientras la inspeccionaba, un coche se paró a mi lado y el conductor bajó la ventana. Dos caras sonrientes asomaron, y me preguntaron si estaba bien. Le mostré la cadena con una sonrisa: ¡pues como veis, nunca mejor!
¿Me creéis si os digo que se rió, me dijo que era mecánico, que tenía moto, y que si tenía un eslabón de repuesto, podía tener la cadena puesta en un momento?
Estaba a punto de desmayarme del calor, pero me reí. Desde luego, mi tarde había dejado de ser aburrida.
Nos encontramos de nuevo donde estaba la moto aparcada. Los dos salieron del coche y la mujer de Arnildo me dio una loción para quitarme la grasa que me ennegrecía las manos. Obviamente, tengo guantes para evitar estar en esa situación. Y como siempre, lo recuerdo una vez que tengo las manos negras. Me pregunté cómo me las habría arreglado sin el producto. Porque esta grasa mancha todo lo que toca.
Al abrir la caja que protege el piñón, descubrimos que la guía de la cadena estaba doblada. Era imposible montarla de vuelta con esta pieza así, pues no había otra que sacarla hasta que la arreglara. Eso era mala noticia: si la cadena se volvía a abrir o se rompía, podría cargarse el motor. Pero de toda forma, no había nada que pudiera hacer al respecto hasta salir del lado de la carretera.



Saqué los recambios del fondo de la maleta y le di la bolsa entera — yo no sabía qué buscar. Pero él sí, y sacó inmediatamente los eslabones que hacían falta para volver a montar la cadena. Arnildo podía ser mecánico de coches, pero desde luego sabía manejarse con una moto. En pocos minutos, estaba arreglada. Le di las gracias, nos reímos, le volví a agradecer, me dieron agua fría y nos hicimos una foto. Luego se fueron, dejándome con una sonrisa enorme y la cara completamente roja del calor.
Lo que pasó después… es una de las cosas más alucinantes que me han pasado en la vida.
A las 15:14, la cadena se había abierto y mandé el primer mensaje a Felix.
A las 15:53, le dije que el problema estaba solucionado y me subí a la moto.
A las 15:55, se encendió el piloto de sobrecalentamiento y la moto se apagó en seco. Había avanzado 500 metros.
No me lo podía creer. Arranqué la moto, el piloto volvió a encenderse, la moto se volvió a apagar.
Me quedé sentada en ella en silencio, mirando el cuentakilómetros.
O sea, la cadena se me abrió. Eso fue mala suerte. Pero ¿esto? ¿Qué era ESTO? Llevaba menos de un minuto conduciendo después de haberme parado, y ya me había vuelto a parar por otro motivo distinto. No parecía aleatorio. Pero no había tiempo para pensar en eso todavía.
Volví a pillar el teléfono. Literalmente acababa de contarle a Felix la suerte que había tenido con el mecánico.
Ahhhh, tengo otra buena para ti. Adivina. Arranqué y se me encendió el piloto de temperatura. Estoy parada de vuelta.
Estaba furiosa. Me bajé de la moto para empujarla un par de cientos de metros. Si tenía que quedarme parada otra vez, que así fuera, pero sería bajo un árbol que veía a la distancia, a la sombra.
El calor era una locura. Cuando llegué a mi objetivo, puse la XT en el caballete y miré alrededor. Seguía en medio de la nada, pero ahora estaba a la entrada de una cabaña de madera que parecía autoconstruida. No vi a nadie, pero sí vi unas gallinas, que iban a lo suyo tan tranquilas.
Empecé a inspeccionar la moto buscando los culpables más obvios. Había suficiente aceite. Había suficiente refrigerante. El motor ni estaba caliente. ¿Por qué narices se encendía el piloto de temperatura entonces? Se lo dije a Felix.
Prueba a desconectar la batería unos segundos.
No cambio nada.
¿El ventilador? Ponla al ralenti y mira si arranca. Debería encenderse por encima de 104 grados - Está encendido, y el motor no está caliente… - Espera, lo que me estás diciendo no tiene ningún sentido.
Estaba bastante de acuerdo con Felix. No tenia ningún sentido. Para empezar, si la moto no estaba caliente, no podía estar sobrecalentando. Lo cual significaba que otra cosa fallaba y causaba ese error. El dueño de la granja apareció y me saludó. Le expliqué la situación, y me dijo que iba a avisar a su hijo que estaba cerca. Ya que el no entendía mucha cosa de mecánica, quizá, dijo, te podrá ayudar el. Le di mil gracias. Justo en ese momento, mi teléfono empezó a sonar, era Felix.
La moto tiene un moto “troubleshooting”. Me enseñó a usarlo antes de que me fuera de viaje, pero era bastante técnico. Había que mirar el manual al mismo tiempo, lo cual era medio complicado, así que Felix me llamaba para guiarme.
Si. A medio mundo de distancia, a las 10 de la noche desde su cuarto en españa, mi amigo estaba metido en el manual de la moto ayudándome como si estuviera a mi lado.
Hicimos todo el chequeo, pero no encontramos ningún problema. La moto era perfecta.
El hijo del granjero llegó, y fue a buscarme agua helada. Charlamos un buen rato, buscando que pasaba, intercambiando nuestras historias… Después de un rato, Arnildo se paró de nuevo. Estaba muerta de la risa de explicarle que a los 500m se me había vuelto a parar la moto. No pudo quedarse, pero dijo que luego volvería, deseando no encontrarme de nuevo varada. Seguí charlando con Wilson, mi nuevo amigo, intentando cosas y fallando una y otra vez.
Los 3 estabamos sin la mínima idea de que era el problema. Llegamos a la “solución” siguiente : a 8km, estaba el pueblo de Yegros. Ahí, pasaría la noche, y podría esperar cómodamente que el mecánico del pueblo me pueda atender el lunes, ya era sábado. Tenia que intentar manejar la moto hasta ahí, dándole mucho gas para no dejar que se pare - ya que así, se mantenía encendida mas tiempo. Sin frenar ni dejar que las revoluciones del motor bajaran. Hace falta comentaros a cual punto no confiaba en el plan ? Pero no podía quedarme ahí, eso era claro, así que lo intenté. Saludé mi amigo, que me había dejado su whatsapp prometiéndome alcanzar si me quedaba tirada.
Y tirada me quedé, a los 50m.
Media hora después, sigo al lado de la carretera, menos de 1km de donde la cadena se abrió, y se acerca cada vez mas el fin del día. Estoy con Wilson, Arnildo - que si me volvió a encontrar varada, otro hombre que esta con el, y Felix al telefono. Arnildo esta dándole gas a mi moto, haciéndole un chequeo como si fuéramos en un taller y no donde Cristo perdió el gorro.

De repente, Felix encuentra la solución.
Si el fallo no es con la moto, es un fallo eléctrico. Debe de haber algún cable cortado en alguna parte. Mira a ver si lo ves.
Tiene todo el sentido, y Arnildo esta de acuerdo.
Me acerco a los amortiguadores delanteros y ahí…
Veo un cable cortado.
Llamo a mis compañeros. Me preguntan si tengo cinta eléctrica, y si, tengo. Pero no tengo cable, así que Wilson desaparece 5 minutos a buscarme un trozo. A su vuelta, unimos los pedazos y los cerramos con cinta eléctrica.
Enciendo la moto. Arranca. No se apaga.
Era el puto cable.
Saludo a todos mis héroes, me subo a la moto, y hago los 8km que me separan con Yegros. Todo el rato, parte de mi esta incómoda por saber que el motor está desprotegido ya que desmontamos la guía de cadena. Pero confío en nuestra reparación. Sé que era el cable y que no tendré mas problema. Sé también que por mucho que tenga todavía tiempo de llegar a Villarica, mi destino de origen, ni de broma lo voy a intentar.
La moto me paro no una sino 2 veces. El motor está desprotegido. Tres cosas distintas pasaron, las tres parecen decirme : no vayas ahora.
Y voy a hacer caso a esto. Nunca sabré si me hubiera pasado algo al seguir. Y esta perfecto así. Mientras tomo esa decisión, siento clarísimo el dolor que siempre me acompaña en mi brazo derecho, recuerdo de mi accidente, símbolo de lo que pasa cuando ignoro las señas. Si el universo me quiere parar, y aprendí que puede doler mucho, no veo a santo de que voy a forzar el paso.
Yegros es un pueblo pequeñísimo. Me paro en el hotel Santa Ana, y la dueña me recibe muy calurosamente. En el parking, veo un taller mecánico. Ahí trabaja su hijo, ya me lo dijeron Arnildo y Wilson, y encima, tiene moto grande. Lo veré el lunes, lo cual significa que me quedaré 2 noches, a menos de que logré reparar la pieza el día siguiente de alguna manera. Me instalo en la habitación, enciendo el AC al máximo, y me tiro en la cama, feliz.
Ahí miro el techo. Ahí reflexiono. La gratitud me pega como ola oceánica al bañador que intenta meterse al agua.
Pienso en esa gente que me ayudó.
Pienso en Felix que otra vez, desde el otro lado del mundo me acompañó como si estuviera a mi lado.
Pienso que soy la más suertuda del mundo.

